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Las investigaciones más ridículas de 2012

ciencia / 21/09/12

La pasada noche se entregaron los premios Ig Nobel a las investigaciones más absurdas del año. Así, el Ig Nobel en Psicología fue a parar a manos de los holandeses Anita Eerland y Rolf Zwaan y el investigador Tulio Guadalupe (Perú), por demostrar que inclinarse hacia la izquierda hace que la Torre Eiffel de París parezca más pequeña.

Y por dedicarse a estudiar la dinámica del chapoteo de un líquido para entender lo que sucede cuando una persona camina mientras lleva una taza de café (y por qué salpica), al ruso Rouslan Krechetnikov y a Hans Mayer, de los Estados Unidos, les otorgaron el Ig Nobel en Dinámica de Fluidos.

Por su parte, el conocido etólogo Frans de Waal y la estadounidense Jennifer Pokorny se hicieron con el Ig Nobel de Anatomía por demostrar en Advanced Science Letters que los chimpancés pueden identificar a otros de su especie con solo ver las fotografías de sus traseros.

El Ig Nobel de Medicina fue para un estudio publicado en World Journal of Gastroenterology, y llevado a cabo por los franceses Emmanuel Ben-Soussan y Michel Antonietti, en que se aportaban recomendaciones a los médicos que realizan las colonoscopias para minimizar las probabilidades de que sus pacientes sufran una "explosión de gas" durante el procedimiento.

El Ig Nobel de Física recayó en investigadores estadounidenses y británicos que calcularon el equilibro de fuerzas que da forma y movimiento al cabello humano cuando está recogido en forma de cola de caballo.

La empresa SKN de Rusia se hizo con el Ig Nobel de la Paz por convertir viejas municiones rusas en diamantes, el sueco Johan Pettersson fue premiado con el Ig Nobel de Química por averiguar qué hacía que se pusiera verde el cabello de ciertos habitantes de la ciudad de Anderslöv, y los japoneses Kazutaka Kurihara y Koji Tsukada obtuvieron el galardón en el campo de la Acústica por inventar el "SpeechJammer", un aparato que interrumpe el discurso de una persona -cuando se pone muy pesada- haciéndole escuchar sus propias palabras con un ligero retardo.

En cuanto al Ig Nobel de Neurociencias, fue a parar a manos de los estadounidenses Craig Bennett, Abigail Baird, Michael Miller y George Wolford por demostrar que los investigadores del cerebro, mediante el uso de complicados instrumentos y simples estadísticas, pueden detectar actividad cerebral significativa en cualquier parte, incluso en un salmón muerto.

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