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La neurociencia de la música

La neurociencia de la música ciencia / 11/02/13

Se ha descubierto que escuchar música no sólo es placentero, sino que tiene increíbles efectos en el cuerpo.

En primera instancia, una serie de estudios ha encontrado que la música activa el mismo centro eufórico que activan las drogas, la comida o el sexo: el sistema límbico y la base cerebral, que son áreas ligadas a la respuesta emocional y a las ?recompensas?, ya que generan una sensación placentera al liberar el neurotransmisor dopamina.

Investigadores de la Universidad de McGill llevaron a cabo un estudio en el cual les realizaron tomografías por emisión de positrones a diez voluntarios mientras éstos escuchaban diferentes melodías. Al escuchar una canción que les resultara emocionante, el sistema límbico mostró una notoria activación.

Además de la clara respuesta neurológica, también reportaron un incremento en la frecuencia cardiaca y respiratoria y un aumento en la temperatura corporal de los participantes. Estos signos son consistentes con la respuesta física de la felicidad.

Carol Krumhansl, de la Universidad de Cornell, explica que cada emoción genera respuestas físicas diferentes. La tristeza, por ejemplo, se refleja con una frecuencia cardiaca baja, una alta presión arterial y un aumento en la temperatura corporal, mientras que la felicidad se refleja a través de los signos ya mencionados.

Al exponer a pacientes a diferentes melodías, Krumhansl pudo observar que las respuestas físicas y emocionales ante las mismas variaban de acuerdo al ritmo y tono de éstas: una canción lenta y en una escala grave generaría tristeza, mientras que una canción con un ritmo más rápido y notas agudas generaría felicidad. Este conocimiento ha sido aprovechado para reducir síntomas de ansiedad y depresión por medio de la musicoterapia.

Y es que la música involucra a más de un área cerebral. Si bien el sistema límbico está claramente ligado con la respuesta emocional ante las melodías, el tono de una canción no sólo activará a esta zona. En tomografías se ha detectado que éste también activa a la corteza prefrontal, al cerebelo y al lóbulo temporal. El ritmo, por otro lado, activa a la corteza frontal y parietal izquierdas y al cerebelo (encargado de deducir la progresión de la melodía). Finalmente, la letra de una canción activará a las áreas del lenguaje del cerebro (área de Wernicke y Broca), a la corteza visual (al imaginar lo que dice la canción), a la corteza motora y al sistema límbico.

Esto significa que escuchar música puede traer grandes beneficios. Dado que las áreas de Wernicke y Broca están involucradas en el proceso, ésta puede mejorar el habla y vocabulario de una persona (herramienta especialmente útil en pacientes con autismo o alzheimer).

De hecho, según la Universidad de Florida, los estudiantes que escuchan música o tocan algún instrumento obtienen un promedio entre 53 y 61 puntos más alto en la sección verbal del SAT y entre 39 y 42 puntos más en la sección matemática.

Además, al aumentar la secreción de dopamina y endorfina, la música inhibe a los neurotransmisores que provocan estrés y ansiedad a la vez que reduce la sensación de dolor. Por lo tanto, la música ya ha sido utilizada como terapia coadyuvante en 236 partos en la Universidad Médica de Taiwan así como en tratamientos post-quirúrgicos.

Finalmente, al estimular la corteza motora, la música también ha demostrado ser útil en el tratamiento de personas con Parkinson o Síndrome de Tourette, ya que estos padecimientos resultan de una nula secreción de dopamina.

En vista de todo lo anterior, ahora más que nunca no cabe duda de que la música puede sanar más que un corazón roto.

(Lourdes Zamanil9

Fuentes: Universidad de Florida, Live Science, New York Times, Huffington Post

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