mitos-y-leyendas / 20/04/12
Este 20 de abril se cumplen cien años de la muerte de Bram Stoker (8 de noviembre de 1847, Clontarf - 20 de abril de 1912, Londres), quien es considerado el padre del vampirismo moderno con su obra Drácula. Pero, ¿por qué la novela de culto adquirió tanta y fama y expectación?:
"Strigoi, strigoi, strigoi?" susurraba, hace cien años, Bram Stoker. Tal vez fruto del delirio, tal vez leyenda por el paso del tiempo. Pero el autor de Drácula (1897) falleció señalando, según los testigos presentes, algo en un rincón de la habitación en la pensión londinense donde hubo de pasar sus últimos días. Strigoi, en rumano, significa espíritu maligno, por lo que podría decirse que esta fue la frase perfecta con la que el creador del mito moderno del vampirismo dejó este mundo.
Según Rodrigo Fresán, quien escribió el prólogo de la edición de 2005 de Mondadori de la novela, "Stoker es muy mal escritor, un ejemplo clásico de creador flojo -no hay más que leerle en su inglés original- que de repente crea una obra genial".
Y no es el único con esta aseveración, ya que numerosos escritores y críticos literarios alegan que la trama y la confección de sucesos no suelen interesar al lector ("600 páginas y el conde sólo aparece en 15", prólogo de Fresán), sino el ambiente y la descripción de la atmósfera subyacente en la trama. Sin embargo, la mayoría empata con el argumento que, al final, la novela describe una ambiente fascinante que derivó en la cultura del vampiro moderno, y de ahí el respeto a este escritor irlandés.
¿Qué fue lo que hizo bien Bram Stoker en este caso? El escritor, criado entre libros y profesores privados por culpa de una enfermedad infantil, ya había publicado cuentos y relatos que no alcanzaron la popularidad de Drácula. Esto se debe a que, como escribe Fresán en el prólogo, existen novelas influyentes cuya calidad deriva en corrientes y escuelas de escritores, y están las "novelas radioactivas", las que enferman, horrorizan e infectan para desarrollar mejores herederos. Así, el éxito de la novela reside en que se basa en un personaje sumamente fascinante y atrayente para la época.
Sin embargo, muy pocas obras literarias de la era victoriana han erigido toda una cultura mística alrededor de un personaje que después se convertiría en un referente de la ficción del siglo XX. Drácula ha sido recreado para demás novelas, cuentos, corrientes y contenido audiovisual en el cine y televisión, además de originar una tribu urbana emparejada con otras corrientes artísticas, como lo gótico.
Un caso más donde la calidad fue rebasada por la temática expuesta.
El verdadero Drácula
Stoker se basó en algunas personas reales para la creación del Conde Drácula en la novela.
Sin embargo, la personalidad que más matizó el perfil de este personaje sanguinario fue otro de igual índole: el conde Vlad Draculae, Hijo del Demonio/Dragón, mejor conocido como Vlad Tepes "el empalador", se trató de un aristócrata rumano del siglo XV cuyas tierras se encontraban cerca de Transilvania, Rumania, y que fue infame por cortar las cabezas de sus enemigos y empalarlas en las afueras de su castillo, para después beber y comer de la sangre y restos que quedaban de sus víctimas.