Topos vs. Cáncer

Topos vs. Cáncer
Naturaleza 17/10/14

Los topos ciegos tienen un proceso celular para evitar el cáncer, tratamiento que podría ser efectivo con seres humanos.

La células de dos especies, Spalax judaei y Spalax golani, son invulnerables al crecimiento de tumores, de acuerdo con el estudio de Vera Gorbunova y sus colegas de la Universidad de Rochester en Nueva York, Estados Unidos.

La rata desnuda es otro tipo de roedor en presentar dichas características.

Casi el 23 por ciento de las personas diagnosticadas con cáncer fallecen, debido a la rápida propagación y división de las células tumorales.

Pero los topos, que viven cerca de 21 años, una vida muy larga para un roedor, parecen ser inmunes a este proceso de la enfermedad.

Normalmente, cuando se colocan células de un animal en un recipiente, se dividen en una sola capa hasta cubrir toda la superficie del contenedor. En éste punto las células saludables dejan de dividirse y las cancerígenas no se detienen.

Sin embargo, las células cancerígenas de la rata desnuda se comportan como si fueran "claustrofobicas": se dejan de dividir mucho más rápido que en otras especies.

"Pensamos que las células del topo ciego se comportarían como las de la rata desnuda" dice Gourbunova. "El hecho que no fuera así, fue una gran sorpresa".

Así, en vez de dejar de dividirse, las células cancerígenas de los topos ciegos llegan a un punto donde mueren en masa, un suicidio celular. Gorbunova y sus colegas llamaron al fenómeno como "muerte concertada celular".

Este proceso se activa por la liberación colectiva de una molécula llamada interferon-beta, aunque la causa no es clara.

"Las células tienen una manera de saber cuando hay una proliferación, pero no sabemos cómo la detectan" dice Gorbunova "eso es lo que tenemos que descubrir ahora, porque nos daría pistas para activar el proceso en humanos".

El suicidio celular puede ser la razón de que estos animales viven tanto tiempo: puede ser un mecanismo natural en sus cuerpos para librarse de las células precancerígenas.

El estudio se publicó hace unos días en Nature.

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