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El pulpo y el hombre

El pulpo y el hombre naturaleza / 12/11/12

Manejan herramientas
En 2009, la especie Amphioctopus marginatus de Indonesia se sumó a la lista de animales capaces de manejar herramientas. Tal como exponía un estudio publicado en la revista Current Biology, este pulpo suele recoger las cáscaras de coco que caen al fondo del mar, transportarlas y almacenarlas en un lugar bien escondido para poder usarlas como escudo defensivo cuando las circunstancias lo requieran.

Son más listos que el hambre
Para medir la inteligencia de los pulpos, los científicos recurren a experimentos en los que evalúan sobre todo dos parámetros: su capacidad de aprendizaje y su memoria. De este modo han descubierto que pueden aprender a distinguir formas geométricas (cuadrados, rectángulos, círcul...), abrir botes con tapones de rosca y atravesar complicados laberintos. Por si esto fuera poco, también aprenden observando a sus semejantes, una característica que se creía limitada a algunos mamíferos y al ser humano. Y como demostró en un experimento el neurobiólogo Benny Hochner, tienen un circuito de memoria a corto plazo y otro de memoria a largo plazo. No en vano, los pulpos cuentan con medio millón de neuronas organizadas en una compleja red de lóbulos, igual que el cerebro humano.

Andares bípedos
En 2008, veinticuatro centros marinos europeos pusieron en marcha un estudio en el que trataban de descubrir si los pulpos eran "octidiestros" y manejaban por igual todas sus patas o si, por el contrario, tenían alguna extremidad favorita. Y lo que descubrieron fue que usan dos de sus brazos para caminar sobre el lecho marino, mientras que con los otros seis exploran e investigan los objetos a su alcance, incluyendo las piezas de lego y los cubos de Rubik que los científicos les ofrecían en el experimento. Eso implica que, cuando un pulpo necesita echar a correr, levanta seis extremidades y usa las otras dos para huir a toda pastilla.

No solo sexo
Durante décadas, los científicos han considerado a los pulpos como seres solitarios y nada románticos en su vida sexual. Sin embargo, un reciente estudio de la Universidad de California revela que los pulpos machos no se aparean con la primera hembra que se cruza en su camino. De hecho, los octópodos suelen rondar durante varios días a la "chica elegida", se engalanan con patrones corporales vistosos en su piel, mantienen a distancia a los rivales, e incluso estrechan amorosamente alguna pata de su pareja una vez que logran conquistarla.

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