¿Fue una estrella la que guió a los Reyes Magos?

¿Fue una estrella la que guió a los Reyes Magos?
Preguntas y Respuestas 17/10/14

De la estrella de Belén se dice que guió a los Reyes Magos de Oriente hasta el portal donde el niño Jesús acababa de nacer. Pero, ¿qué fue en realidad lo que vieron Melchor, Gaspar y Baltasar? ¿Sí fue una estrella? ¿O quizá un cometa, una supernova, un meteorito, o una simple conjunción de planetas?

Para averiguar cuál fue el fenómeno astronómico observado por los Reyes Magos, habría primero que establecer la fecha precisa. La Biblia no dice nada sobre el día exacto del nacimiento de Jesús, aunque sí relaciona el hecho con acontecimientos y personajes históricos como, por ejemplo, el reinado de Herodes. Los historiadores coinciden en que el Rey de Judea debió morir en algún momento entre los años 4 y 1 antes de Cristo. Y los Reyes Magos lo visitaron poco antes de su muerte, por lo que su viaje (y la aparición de la estrella que los guió) tuvo que producirse antes de esas fechas.

Por otra parte, hay serias dudas de que el nacimiento de Jesús fuera un 25 de diciembre. En la Biblia, San Lucas habla de la actividad de los pastores de la zona en los días del nacimiento, cuidando a sus rebaños y a los corderos recién nacidos durante la noche, algo que sucede en primavera, y no en pleno invierno. Además, el 25 de diciembre es precisamente la fecha en que los romanos, que dominaban la región en aquel tiempo, celebraban sus Saturnales, una de sus festividades más importantes y para la que adornaban calles y casas e intercambiaban regalos. No es casualidad que, para evitar ser perseguidos, los primeros cristianos eligieran esa fecha para celebrar el nacimiento de Jesucristo. Más tarde, en el siglo IV, cuando el emperador Constantino adoptó oficialmente el cristianismo, el 25 de diciembre se conservó como el día de la Navidad.

Pero volvamos a la ubicación del año. Los historiadores están de acuerdo en que el nacimiento de Jesús no se produjo hace 2011 años. Esto porque la cronología que utilizamos, la cual divide los años en a. C. (antes de Cristo) y d. C. (después de Cristo), y que fue concebida por el monje romano Dionisio el Exiguo en 523 d. C., contiene, por lo menos, dos errores significativos: el primero es colocar el año 1 d. C. inmediatamente después del año 1 a. C., sin pasar por el cero, un número esencial en las matemáticas actuales y que, de hecho, resta un año a cualquier fecha que queramos considerar. El segundo error es que Dionisio dio por buena la declaración de Clemente de Alejandría de que Jesús nació en el año 28 del reinado del emperador Cesar Augusto, sin tener en cuenta que durante los primeros años de su mandato se le conoció por su nombre original, Octaviano, hasta que el Senado lo proclamó como 'Augusto' cuatro años después. Para cuando se descubrió el error, la cronología que aún hoy utilizamos estaba demasiado implantada como para cambiarla y corregir los cuatro años de desfase.

En resumen, teniendo en cuenta estos errores, el nacimiento de Jesús debió producirse en primavera, y entre los años 7 y 2 a. C., por lo que es en este tiempo en que se debe investigar para comprobar si se produjo en el cielo algún acontecimiento capaz de llamar la atención de los Reyes Magos de Oriente.

Desde un punto de vista astronómico, hay cuatro posibilidades para explicar a la estrella de Belén:

La primera es que se tratara de un meteorito, pero es muy poco probable debido a que los meteoritos, que se convierten en una bola de fuego al entrar en la atmósfera, apenas tardan unos segundos antes de desaparecer, y la estrella de Belén brilló durante semanas enteras.

La segunda posibilidad es que fuera un cometa, objetos que, esta vez sí, pueden brillar en el cielo incluso meses; sin embargo, el más espectacular de todos los cometas conocidos, el Halley, cuya órbita lo acerca a la Tierra cada 76 años y que fue visto por última vez en 1986, fue visible en Judea durante los meses de agosto y septiembre del año 11 d. C., lo que no coincide con las fechas del nacimiento de Jesús. Por supuesto, pudo tratarse de otro cometa, uno que pasó entonces y que por el momento no ha regresado, algo de lo que no podemos estar seguros. Además, en la antigüedad los cometas eran vistos como señales que anunciaban muerte y destrucción, y no como heraldos del nacimiento de un rey o de un dios. Los romanos, por ejemplo, marcaron la muerte del general Agrippa usando la aparición del Halley en el 11 d.C.

Otra explicación, la tercera, es que lo visto por los Magos fue la muerte violenta de una estrella. Y eso nos lleva a dos posibilidades: una nova o una supernova. Una nova es la forma (una explosión termonuclear) en que una estrella se libera, de golpe, de una excesiva acumulación de hidrógeno en su superficie. Es muy espectacular, si la estrella está lo bastante cerca, y su aparición tiene lugar de forma impredecible y en cualquier momento. Las más brillantes aparecen de repente, sin previo aviso, como una nueva y espectacular luz en el cielo. Su brillo, tras algunos días, o incluso semanas, se va atenuando hasta desaparecer. En promedio, se produce una nova visible desde nuestro planeta una vez cada veinte años (la última fue en 1975), por lo que nada impide que fuera éste, y no otro, el fenómeno visto en Judea por los tres Magos de Oriente.

Mucho más espectacular, aunque menos frecuente de ver, es una supernova, la explosión catastrófica de toda una estrella que llega a su final y cuyo brillo eclipsa incluso al de toda la galaxia que la contiene. En el momento de la explosion, una supernova puede ser vista incluso a plena luz del día, y su brillo más intenso puede durar meses antes de empezar a decrecer. Durante los últimos mil años la humanidad ha sido testigo de cuatro supernovas, en los años 1006, 1054, 1572 y 1604. En todos los casos, los cronistas de cada época se refirieron profusamente al fenómeno. Los chinos, por ejemplo, señalan que la supernova del año 1054 fue visible durante dos meses incluso a plena luz del día.

Sin embargo no existe en la época del nacimiento de Jesús ninguna referencia definitiva sobre la súbita aparición de una luz especialmente intensa en el cielo. Si sucedió, nadie, en ninguna cultura, documentó el hecho, lo cual parece indicar que debemos buscar la solución en alguna otra parte. Algunos textos chinos hablan de una posible nova en la primavera del año 5 d. C., pero se refieren a ella como a un fenómeno de poca importancia y de escasa, o ninguna, espectacularidad.

La última (y quizá la más probable) explicación es la posibilidad de que los tres Magos fueran testigos de una conjunción planetaria especialmente brillante, tanto como para hacerles creer que se trataba de una nueva estrella. Pero, ¿hubo alguna conjunción planetaria de este tipo entre los años 7 y 2 a. C.? La respuesta es que sí. Los astrónomos han determinado que, en ese intervalo temporal, se produjeron varios fenómenos planetarios que podrían haber sido interpretados como la estrella de Belén.

El primero de ellos fue en el año 6 a. C., y se produjo entre Marte, Júpiter y Saturno, y sucedió en la constelación de Piscis. Los tres planetas formaron una brillante figura geométrica en el cielo que debió de ser de gran belleza y capaz de llamar la atención de cualquiera. Otra posibilidad es la 'triple conjunción' de Júpiter y Saturno entre los meses de mayo y diciembre del año 7 a. C. Los 'pasos' de Júpiter sobre Saturno se produjeron el 29 de mayo, el 30 de septiembre y el 5 de diciembre de ese año.

No cabe duda de que todos estos eventos fueron perfectamente visibles, pues sucedieron en la cara nocturna de la Tierra. Los dos planetas, además, brillaron el uno muy cerca del otro durante ocho largos meses, el tiempo que se estima necesario para que los Reyes Magos cubrieran los cerca de mil kilómetros de distancia entre Babilonia y Judea.

No obstante, la que seguramente fue la más brillante de las conjunciones planetarias de esa época fue la que se produjo entre Venus y Júpiter en la constelación de Leo el 12 de agosto del año 3 a. C. Los dos planetas brillaron ese día extraordinariamente cerca el uno del otro. Y cuando Venus se retiró, Júpiter permaneció junto a Leo por lo menos durante diez meses más, sumando su brillo al de la estrella. Si el encuentro de los tres Reyes Magos con Herodes se produjo durante la primavera del 2 a. C., las fechas encajarían a la perfección. De hecho, tras su primer encuentro y después de que Júpiter y Leo siguieran brillando juntos en el cielo, Venus regresó a la zona y se alineó con Júpiter en junio del 2 a.C. El día 17 de ese mes los brillos de los dos planetas fueron tan intensos que llegaron a confundirse.

Los dos planetas bajaron juntos y lentamente hacia el horizonte a medida que sus brillos se iban confundiendo. Hacia las ocho y media de la tarde, hora local de Jerusalén, prácticamente se habían fundido en un único y luminoso astro. En un tiempo en el que no había instrumentos de observación, ni lentes de sol, es muy probable que los observadores no fueran capaces de distinguir los dos objetos individuales y que sólo percibieran un único y brillante destello sobre los cielos de Judea.

¿Fue esto lo que vieron los Reyes Magos? Para la ciencia es difícil asegurarlo. Lo único cierto es que esas alineaciones se produjeron, y que fueron claramente visibles en una época que coincide con la del relato bíblico. Más allá de eso, no existen certezas absolutas. Cada uno es libre, pues, de sacar sus propias conclusiones. Texto original: blogs.abc.es

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