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¿Qué es la discalculia?

preguntas-y-respuestas / 11/01/13

Bueno, una cosa es que se te complique el algebra y otra muy diferente que de plano no sepas contar. Brian Butterworth, neurocientífico de la Universidad de Londres, estudia una discapacidad del aprendizaje llamada discalculia, que se caracteriza por severas dificultades para aprender y lidiar con números a pesar de tener un coeficiente intelectual normal. Se estima que hasta un 7 por ciento de la población sufre de discalculia.

Butterworth sostiene que el problema base de la discalculia se encuentra en la incapacidad de darle sentido a los números (asignarle un valor cuantitativo a cada número) y no en un problema de atención, memoria o lenguaje. Estudios físicos realizados a pacientes con discalculia respaldan su teoría: resonancias cerebrales revelan que las personas con discalculia utilizan en menor medida un área específica del lóbulo parietal (localizado en el cerebro, justo por encima de los oídos) que parece estar intricadamente relacionada con la comprensión numérica. En estudios realizados en monos, diferentes neuronas en esta área responden vigorosamente en respuesta a diferentes cantidades numéricas.

Sin embargo, Butterworth no cree que el problema sea fisiológico, sino que, más bien, estas evidencias físicas son consecuencia de la discalculia. Para comprobarlo, desarrolló varios juegos que tienen como objetivo fomentar el sentido numérico. En uno de ellos, por ejemplo, se les presenta a los pacientes una imagen con una cantidad determinada de puntos, y ellos deben asignarle un valor numérico a los mismos. Si dan una respuesta incorrecta, el juego les solicita que quiten o añadan puntos para que éstos coincidan con el valor que indicaron.

La buena noticia es que los pacientes que llevaron a cabo este tipo de juegos presentaron un avance significativo, y, al realizárseles una escanografía un mes después, presentaron considerablemente una mayor activación del área parietal.

Así que, aunque no sepas que 3 + 2 es 5, todavía hay esperanza.

El estudio se publicó en Nature.

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