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Los juicios de Oscar Wilde

No hacía mucho que había publicado la novela El retrato de Dorian Gray cuando el famoso escritor, poeta y dramaturgo irlandés Oscar Wilde conoció al poeta inglés lord Alfred Douglas, “Bosie”, tercer hijo del marqués de Queenberry. Por Georgina Vega

Se encontraron por primera vez en Londres durante una reunión de intelectuales en el verano de 1891, cuando Wilde tenía 38 años y Douglas 22. Pronto la amistad se convirtió en romance y se les empezó a ver juntos en todas partes, lo que propiciaría la ruina de Wilde cuatro años más tarde. 

Las amenazas del marqués

Los rumores sobre una posible relación homosexual entre los dos escritores hicieron enfurecer al padre de “Bosie”. John Sholto Douglas –conocido por haber inventado las reglas del boxeo moderno– exigió varias veces a su hijo que terminara su amistad con el irlandés, de lo contrario le retiraría su apoyo económico. Pero Alfred siguió viendo a Wilde, e incluso se iban de viaje juntos. 

Ante la rebeldía del joven poeta, el marqués de Queensberry no se quedó con los brazos cruzados y tomó medidas cada vez más drásticas. Por ejemplo, en junio de 1894 se presentó acompañado de un boxeador en la casa de Wilde, en Chelsea, para amenazarlo. Después de una breve discusión, el dramaturgo logró que Douglas se fuera sin que la visita pasara a mayores. 

Y aunque le había retirado el dinero, el aristócrata tampoco dejó de hostigar a su hijo. En una carta le escribió: “no eres mi hijo y nunca pensé que lo fueras”. Alfred respondió amenazante en el reverso de una postal: “Si OW te demandara por difamación, recibirías varios años de condena por tu libelo infame”.

Imagen: PIxabay

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“A Oscar Wilde, que presume de sodomita”

La amenaza no sirvió de nada. En febrero de 1895 el padre de “Bosie” planeó irrumpir en el St. James Theatre, en Londres, durante la noche del estreno de la nueva obra de Wilde La importancia de llamarse Ernesto, para ventilar la homosexualidad del dramaturgo. Afortunadamente el escritor se enteró a tiempo y ordenó a los vigilantes del edificio que no le permitieran la entrada.

Cuatro días después el marqués se presentó en el Albemarle Club, al que Wilde y su esposa Constance Lloyd asistían con frecuencia, y le dejó con el portero una nota en una tarjeta personal: “A Oscar Wilde, que presume de sodomita”. Atónito, Wilde leyó la tarjeta y buscó a Alfred para hablar sobre las medidas que tomarían contra el marqués. “Bosie”, quien ya estaba harto, convenció a Wilde de interponer una demanda legal contra su padre. 

Acompañados de su amigo Robert Ross, Wilde y Alfred visitaron a un abogado, quien les recomendó a Edward Clarke para que llevara el caso. George Bernard Shaw y Frank Harris, viejos conocidos de Wilde, trataron de convencerlo de que se desistiera de la demanda y le sugirieron que siguiera escribiendo en el extranjero. Pero el irlandés, azuzado por “Bosie”, se negó rotundamente. El 2 de marzo la policía arrestó al marqués de Queensberry, acusado de difamación; sería no obstante el comienzo de la estrepitosa caída del dramaturgo. 

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La calumnia

Wilde y su abogado, Clarke, estaban convencidos de que ganarían la batalla legal. Sin embargo el abogado del marqués, Edward Carson, quien por cierto había sido compañero del escritor en el Trinity College Dublin, era un inteligente e implacable interrogador y tenía varios ases bajo la manga.

El juicio contra el padre de Alfred Douglas, marqués de Queensberry, comenzó el 3 de abril de 1895 en el emblemático tribunal Old Bailey, en Londres, y se dividió en tres partes, en las que Carson utilizó fragmentos de la obra literaria de Wilde y cartas que éste le envió a Douglas, con la finalidad de demostrar que la acusación del marqués no era falsa.

En la primera parte, Carson leyó una de las cartas que el irlandés le mandó a Douglas y sugirió que, por la forma en que estaba escrita, cualquier lector podía deducir que había una relación homosexual. Entonces Clarke defendió a Wilde con el argumento de que había que recordar que el dramaturgo era un poeta, y por eso sus cartas podían parecer extravagantes.

Más tarde Carson sugirió que El retrato de Dorian Gray y Frases y filosofías para uso de la juventud eran libros inmorales porque, implícitamente, hacían referencias a la atracción erótica entre dos hombres. Ante esto, Wilde sólo respondió: “No hay libros morales ni inmorales. Los libros están bien escritos o no lo están”.

La tercera parte del juicio tomó un rumbo inesperado cuando el abogado del marqués le preguntó abiertamente a Wilde si alguna vez había besado a un sirviente de Alfred Douglas, a lo que el escritor respondió: “Oh, de ninguna manera, era un muchacho muy poco agraciado”.

Oscar Wilde reclinado con su libro Poemas; retrato de Napoleon Sarony, en Nueva York (1882). Wikimedia Commnos

Primer juicio

Al ver que el juicio se estaba volviendo contra su cliente, Clarke convenció a Wilde de que retirara los cargos de difamación, lo cual hizo de inmediato; el caso fue cerrado y el marqués quedó en libertad. Pero fue demasiado tarde, porque la implacable autoridad victoriana había empezado a investigar a Wilde, y pronto giró una orden de aprehensión contra el irlandés por ser sospechoso de cometer “actos indecentes con hombres”.

El escritor se enteró de que el procurador de Queensberry había enviado a Londres copias de las declaraciones de jóvenes prostitutos que Carson y el marqués planeaban presentar como testigos –Alfred Wood, Charles Packer, Fred Atkins y Edward Shelley–.

Aunque sus amigos le rogaron que huyera al extranjero, Wilde prefirió quedarse a enfrentar la ley. Fue detenido el 6 de abril en el hotel Cadogan, donde estaba reunido con Douglas y Ross. El día 26 el dramaturgo estaba nuevamente en los tribunales de Old Bailey, mientras que Alfred había decidido abandonar Inglaterra. Durante el juicio varios jóvenes declararon haber cometido actos indecentes con el escritor.

Wilde negó rotundamente las acusaciones.

En las actas de los juicios quedó plasmado uno de los momentos más memorables en la vida del dramaturgo, cuando el juez Charles Frederick Gill le preguntó, refiriéndose a un poema que “Bosie” le dedicó al escritor, “¿qué es el amor que no se atreve a decir su nombre?”. Wilde respondió:

El amor que no se atreve a decir su nombre, en este siglo, es el amor de un hombre maduro por un hombre joven. Como el que unió a David y Jonathan, como el que inspiró la filosofía de Platón, como el que se encuentra en los sonetos de Shakespeare y Miguel Ángel, como el que colma mis propias cartas…”

Ese mismo día el jurado deliberó que todavía no existían elementos suficientes para incriminar a Wilde, y lo absolvió de las acusaciones de Frederick Atkins. El 7 de mayo de aquel año el escritor fue puesto en libertad mientras se fijaba la fecha para la siguiente audiencia.

Segundo y último juicio

Sus amigos más cercanos trataron de persuadir a Oscar Wilde por tercera ocasión para que huyera del país; pero se negó. El 19 de mayo estaba de nuevo en el tribunal, esta vez encabezado por el fiscal general de Inglaterra, Frank Lockwood. Tras varias horas de deliberación lo declaró culpable de todos los cargos, excepto de las acusaciones de Edward Shelley. El 25 de mayo, Wilde escuchó su sentencia, visiblemente palidecido según narran los periódicos de la época: dos años de trabajo forzado en la cárcel de Reading por haber cometido “actos de grosera indecencia con hombres”.

Durante su estancia en prisión escribió la extensa carta de amor titulada De profundis, dirigida a “Bosie”. Al poco tiempo de quedar libre, en mayo de 1897, se exilió en Francia con el nombre de Sebastian Melmoth. Su esposa, quien decidió no verlo más, murió el siguiente año.

A finales de aquel año el escritor vivió unos meses con Douglas en la ciudad de Ruan, hasta que sus respectivas familias los amenazaron con retirarles el apoyo económico. Wilde murió en París casi en la indigencia y de un ataque de meningitis el 30 de noviembre de 1900, alejado de sus dos hijos. Tenía 46 años de edad. 

Proceso de Oscar Wilde (The Illustrated Police News, 1895.) Wikimedia Commons

Texto publicado en la Ed. 07, 2017. Descarga la app de Muy Interesante México.

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