Medio Ambiente

GALERÍA: la historia del jardinero japonés que trajo a México los árboles de jacaranda

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¿Cómo llegó la jacaranda a México?

La flor de jacaranda fue introducida como un regalo del gobierno de Japón en 1912, como un pacto de amistad entre ambos países.

La Ciudad de México estaba lista para recibir la primavera de 1912 con cerezos en flor. Traídos desde Tokio, como un regalo del alcalde Yukio Ozaki,  habían florecido ya en Washington. La capital mexicana no esperaba menos: sus avenidas principales estarían repletas de brotes rosas a partir de los primeros días de marzo, como una muestra de amistad entre ambos pueblos. No fue el caso, e intentaron con los árboles de jacaranda.

Tras meses de intentos fallidos, el Ministerio del Exterior de Japón le pidió a un emigrante que ya tenía décadas de residir en México su opinión. Tatsugoro Matsumoto, conocedor de los árboles para ambos países, determinó que no sería posible: el cambio brusco de temperatura entre el invierno y la primavera que había en territorio japonés no se replicaría jamás en la Ciudad de México. El proyecto se desertó.

Años más tarde, una vez que la relación de los Matsumoto se hizo más cercana con altos mandatarios mexicanos, la familia recomendó al presidente Álvaro Obregón plantar en las principales avenidas de la ciudad de México árboles de jacaranda. Ya se había logrado exitosamente en Brasil, y no sólo eso: habían logrado reproducirlos en sus viveros.

Según Matsumoto, las condiciones climatológicas en la capital eran las óptimas para que las jacarandas florecieran con la llegada de la primavera. Además, aseguró que la flor resistiría más tiempo sin lluvia, como sucedía en la ciudad durante los primeros meses cálidos del año.

A partir de entonces, el árbol de jacaranda se reprodujo ampliamente en la capital del país. Dado el éxito del proyecto, otros lugares la adoptaron también, y hoy en día se considera como una planta nativa. El legado de Matsumoro se conserva al día de hoy: revive con cada marzo, cuando las jacarandas brillan con un esplendor morado suave, que inunda las calles de la Ciudad de México.

Foto: Getty Images