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Curaciones angelicales o angeloterapia, ¿promesas divinas?

¿Crees en la angeloterapia? Los ángeles son criaturas sobrenaturales e inmateriales que forman parte de la mitología de las tres grandes religiones monoteístas: el islam, el judaísmo y el cristianismo. La palabra “ángel” proviene del griego ángelos, que significa “mensajero”. En hebreo, mal’ach comparte el mismo significado. En la cultura occidental los ángeles suelen representarse como hermosos seres alados; no obstante, su lado oscuro es en verdad intenso. Cuenta la doctrina cristiana que el ángel más bello de todos, Lucifer –cuyo nombre quiere decir “portador de la luz”— se rebeló contra Dios. Su soberbia lo condujo a los infiernos y hoy es mejor conocido como Satanás, del hebreo Satan, que quiere decir “adversario”, o “Sotah”, desviación. En árabe, es Shaitán: “mal camino”. Así, Satanás y sus secuaces, los demonios, son ángeles caídos que conducen a los hombres al camino desviado, el del mal.

Entre los siglos V y VI d. C., el teólogo y místico bizantino Pseudo Dionisio Areopagita escribió un tratado sobre la jerarquía celestial. Basándose en pasajes del Antiguo Testamento de la Biblia y de la Epístola a los efesios y Epístola a los colosenses, clasificó a estos peculiares seres fantásticos en tres grandes esferas:

Primera jerarquía: serafines, querubines, tronos. Reciben de primera mano las iluminaciones de Dios. Se les representa con tres pares de alas, dos de los cuales los protegen del intenso resplandor divino.


Segunda jerarquía: dominaciones, virtudes, potestades. Aquí están los gobernadores del cielo, encargados de regular los deberes de las jerarquías inferiores.


Tercera jerarquía: principados, arcángeles, ángeles. Son quienes se inmiscuyen en los asuntos humanos; los protectores y guardianes de los hombres. En esta categoría entra el famoso “angelito de la guarda”.

¿Es posible que un ángel ascienda al puesto de querubín? ¿Cuál es la diferencia entre un trono y un principado? ¿Cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler? Todas estas “cuestiones” atañen a la “angeología”, una rama de la teología cristiana dedicada a estudiar sistemáticamente la naturaleza y clasificación de los ángeles.

A Dios lo que es de Dios…

Según la doctrina de la Iglesia católica, los ángeles son criaturas de Dios superiores por su condición de espíritus puros. No pueden verse con los ojos del cuerpo, sino “con los de la fe”, aunque sí han adoptado formas corpóreas. Todas sus funciones se subordinan a los designios de la Salvación. Cito a Joan Antoni Mateo, del Instituto de Teología Espiritual de Barcelona: “La existencia de los ángeles forma parte del patrimonio de la fe de la Iglesia. Para un católico, creer en los ángeles no es optativo, como tampoco es lícito conformar los contenidos de la fe según el parecer y conveniencias de cada uno”. Subrayo la expresión “los contenidos de la fe”. Mientras la creencia en los ángeles se quede en el ámbito religioso, no hay nada que decir. Cada quien tiene el derecho de profesar la religión que quiera. Las objeciones empiezan cuando el presunto poder angélico es convenientemente “explotado” por charlatanes que lucran con la ingenuidad y/o la desesperación de las personas, valiéndose de jerga pseudocientífica para legitimar su negocio.

Angeloterapia a domicilio… ¡o en línea!

“Acérquese, damita, caballero. ¿Quiere recuperar la salud, sanear su economía, reducir esas lonjitas de más, eliminar su halitosis y ligarse al amor de su vida? Sólo necesita contratar a un mediador profesional encargado de canalizar los poderes angélicos para ponerlo en contacto directo con sus ángeles personales. ¡Llame ya!”

Palabras más, palabras menos, esta frase resume las promesas de la “angeloterapia”. Aunque es difícil precisar el origen de esta práctica, diversas fuentes apuntan a la estadounidense Doreen Virtue, quien publicó en 1997 un libro titulado Angel Therapy. De acuerdo con sus seguidores, Virtue es una “metafísica” que trabaja en los reinos angelicales y se comunica directamente con los ángeles, pues “su sensibilidad a los estímulos psíquicos le permite trascender y conectar con un mundo espiritual más elevado”.

La verdad, ignoro si Virtue fue la primera, pero hoy abundan los llamados “angeloterapeutas”. He aquí una pequeña muestra de lo que ofrecen: “Abrirás el canal con tu Yo superior para estar más consciente a los mensajes y a la guía divina de Dios y de tus Ángeles, en tu día a día”. “Esta terapia ayuda a sanar removiendo los bloqueos energéticos causados por creencias, hábitos o costumbres basadas en el miedo, y nos permiten generar a través de nuestros sentimientos y pensamientos un campo vibracional más elevado que nos permita fluir de una mejor manera.”

Abogado del diablo

Para refutar la angeloterapia bastaría decir que nadie ha comprobado científicamente la existencia de los ángeles, ni los instrumentos científicos más sofisticados han captado el menor rastro de la famosa “energía vital” que supuestamente emitimos con el cuerpo, la mente, las emociones y los deseos. Queda claro que para los creyentes los argumentos racionales no son suficiente. Apelo entonces a la congruencia. Estamos ante una ensalada de supersticiones, creencias religiosas, mitos y conceptos mal digeridos que se contradicen entre sí. No es broma: Doreen Virtue usa tarot, reiki, hadas, magia, cristales, delfines, lectura de chakras y hasta dietas detox.

Otra angeloterapeuta que me topé en Internet añade los siguientes títulos a su nombre: sacerdotisa maya, “mujer medicina” (sic), astróloga, cristaloterapeuta, coach espiritual, Reiki Master y terapeuta floral. Esta misma persona ofrece lectura de cartas de los ángeles u “oráculos angélicos” y añade: “Si no puedes asistir de forma presencial, te brindamos la opción de recibir los mensajes que los Ángeles tienen para ti, ya sea por llamada telefónica o videoconferencia en WhatsApp o Skype” (todo por una módica cuota, claro…).

En otro sitio di con una angeloterapeuta que dice ser “sanadora cuántica” y otra más explica que existe un ángel para cada signo del Zodiaco. Y claro, en caso de que alguien sienta escrúpulos ante este barroco potaje espiritual, los angeloterapeutas aclaran que lo suyo “no entra en conflicto con ninguna creencia religiosa” (aun cuando para el cristianismo constituye técnicamente una herejía).

Bajando de la nube

“¡Pero funciona!”, exclamarán algunos tocados por la ingenuidad… perdón, por la gracia divina. De hecho, la publicidad de los angeloterapeutas incluye testimonios como los siguientes: “¡Los ángeles cambiaron mi vida!”. “Ayer me tomé dos pastillas y me intoxiqué. ¡Entonces invoqué al Arcángel Rafael y empecé a sentir una mejoría inmensa!”. “Un doctor del hospital en donde atendían a mi hija me dijo que tuviera fe. Al día siguiente, mi hija estaba curada, y descubrí que ese doctor no formaba parte del personal médico.” Etcétera. Con todo respeto –y asumiendo que estoy ante testimonios reales y no una treta mercadológica— volvemos al tema de la curación por fe: es una forma de pensamiento mágico en donde el sanador, consciente o inconscientemente, manipula al paciente para hacerle creer que el poder curativo de los ángeles (o de los cristales, o de las flores de Bach, o de cualquier otro mecanismo de sanación misterioso) ha surtido el efecto deseado.

Por lo tanto…

Cuando los pacientes de la angeloterapia llegan a sentirse mejor, se debe a la agencia directa de San Placebo. Al igual que otros tipos de curación por fe, la angeloterapia parece dar frutos hasta cierto punto, pues las esperanzas de una persona, combinadas con la autosugestión, pueden tener un efecto bioquímico significativo. No obstante, se trata de un fraude que apenas merece el calificativo de pseudociencia. Vale recordar esto: todas las terapias llamadas “alternativas”, “integrativas” o “complementarias” son prácticas que se ofrecen como actos médicos sin demostrar científicamente su efectividad. Y siempre son peligrosas, pues además de producir daños morales y económicos a sus pacientes, les hacen abandonar tratamientos médicos de eficacia probada y perder tiempo valioso que requieren para recuperarse física y mentalmente.

Por: Guadalupe Alemán Lascurain

Fuente: Revista Muy Interesante: Batalla en el Espacio. Edición no. 1- enero 2019.

 

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